Responsabilidad afectiva: ¿escuchas o te defiendes?

En las relaciones, ya sean profesionales, de amistad o de pareja, hay algo fundamental: la comunicación. No es fácil abrirse y mostrar lo que realmente sentimos. Ser vulnerable y expresar nuestras emociones, especialmente cuando son incómodas, requiere valentía. Sin embargo, lo que a veces encontramos al compartir nuestro sentir, no es la comprensión que esperábamos y, en su lugar, recibimos reproches, negaciones o culpabilizaciones.

Y es que, cuando alguien hace el esfuerzo de abrirse y comunicar lo que siente, merece que su emoción sea tratada con respeto, no con juicio ni con resistencia.

La base de cualquier relación sana es la confianza y la comunicación. Sin estas, es difícil avanzar. Y cuando alguien expresa que algo le ha molestado, herido o simplemente no le gusta, no deberíamos reaccionar, sino intentar crear un espacio en el que podamos comprendernos mejor.

En lugar de cuestionar o restar importancia a esas emociones, la respuesta adecuada podría ser algo como: ¿Quieres que lo hablemos y veamos qué podemos hacer para que no te sientas así? Lamento que te hayas sentido así, intentaré que no vuelva a ocurrir. Ayúdame a entender qué has sentido o visto tú que yo no he percibido. Gracias por decirme cómo te sientes, ¿Qué piensas que podemos hacer para mejorar nuestra relación?

Porque la verdadera responsabilidad afectiva no radica solo en lo que sentimos, sino en cómo respondemos a las emociones del otro.

Una relación solo puede avanzar cuando ambos se sienten escuchados y respetados. Cuando la confianza se nutre de la honestidad, de la capacidad para ser vulnerables sin miedo al juicio. Cuando somos capaces de perdonar, de superar los conflictos con empatía, sin reproches, y de seguir adelante con cariño y respeto.

Al final, la comunicación abierta y sincera es lo que permite que la relación crezca. Y ser sinceros no significa ser crueles. Ser sinceros implica respetar los sentimientos del otro, incluso cuando no estamos de acuerdo, porque lo importante es que las emociones se compartan y se validen.

Y no es fácil. Esta es la teoría, pero la práctica es otro cantar. Yo no siempre consigo tener la respuesta empática que me gustaría en el momento exacto, y a veces me cuesta mantener la calma o no reaccionar a la defensiva. Pero sé que este es el camino. Que hay que trabajar otras habilidades, como la paciencia, la escucha profunda y la autorregulación emocional, para poder responder de la mejor manera. Y aunque, no siempre lo consigo, cada intento me acerca un poco más a la forma de relacionarme que quiero, relaciones basadas en la comprensión, la confianza y el respeto mutuo.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.